
El problema
En agosto de 1522, una multitud de campesinos de la comarca francesa de Autun acudió al obispo Jean Rolin para exigirle justicia. La causa del reclamo fue que una plaga de ratones estaba arrasando sus campos. Después de las investigaciones correspondientes, el obispo instruyó a sus párrocos para conminar a los roedores a que abandonaran el lugar, con el apercibimiento de que si no cumplían se expondrían a la ira de Dios. Los requerimientos de los religiosos no tuvieron efecto alguno y los ratones siguieron devorando las cosechas.
La orden de enjuiciamiento
Las crónicas de la época narran que el obispo Rolin, molesto por el desafío de los roedores al ignorar a los párrocos, ordenó que se les juzgara. ¿El crimen? Herejía. Como el proceso que estaba por iniciarse debía seguirse respetando los derechos procesales de los acusados, era obvio que tenía que designarse un abogado que los defendiera. El elegido para desempeñar tal encomienda fue el novel letrado Barthélemy de Chasseneuz. Asimismo, y con el propósito de que se presentaran a juicio los acusados, un funcionario judicial fue enviado al área en que se creía que vivían y, en voz alta, leyó la solemne citación a juicio.
El Juicio
Es el caso que a la primera citación no acudieron los ratones. Su abogado alegó que la inasistencia se debía a que sus defendidos no habían recibido notificación formal para comparecer a juicio. Como insistió en que era un tema que afectaba a todos las ratones de la diócesis se acordó admitir su petición y las parroquias afectadas pusieron un anuncio de aplazamiento y convocaron el juicio para otra fecha.
Llegada la nueva fecha tampoco aparecieron los acusados. En esta ocasión el abogado adujo que dado que habían convocado a todos los ratones de la diócesis, incluyendo jóvenes y viejos, y que éstos se encontraban dispersos, los preparativos eran muy laboriosos y que por ello se requería más tiempo para realizar el viaje, solicitando un nuevo aplazamiento, el cual fue otorgado.

El final
Volvió a llegar la nueva fecha para el juicio y los roedores no se presentaron; el defensor argumentó un error en la convocatoria. Alegó que los ratones debían ser protegidos en su camino al tribunal ya que temían ser atacados por los gatos de los demandantes. Sobre el particular afirmó que en cuanto se garantizara la seguridad de sus defendidos no habría problema en acudir a la cita. Al analizar este argumento, el tribunal se negó a seguir con el proceso y el juicio se aplazó sine die. La razón fue que la protección solicitada era costosa y las indemnizaciones por causar daño a un acusado de camino al tribunal podían ser muy elevadas. Con esta decisión, basada en la estrategia procesal del letrado defensor, los ratones obtuvieron una victoria real en un juicio absurdo.

¿y el abogado?
Barthélemy de Chasseneuz llegó a ser uno de los juristas más influyentes de su época. Fue Procurador del Rey, miembro del Parlamento de Borgoña y primer presidente del Parlamento de Provenza. Su obra principal es Commentaria de consuetudinibus ducatus Burgundiae, la cual sirvió para acreditar el derecho consuetudinario francés y, en su momento, para interpretar el código napoleónico. También escribió el Catalogus gloriae mundi y el Consiliorum Repertorium, el cual contenía algunos de sus consejos jurídicos.
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